La primera vez que escuché el término “Chica puente” fue en el podcast “La Pija y La Quinqui”.
Ellos definían el término como “las que reforman a los hombres
tóxicos, emocionalmente inaccesibles y en etapas de frenesí sexual, para convertirlos en personas buenas, enamoradas y fieles (con la siguiente persona con la que estén, claro, con nosotras no)”.
Muchas veces, las relaciones de las Chicas puente empiezan con el “Love bombing”. Esa inundación de atención, cariño y halagos que muchos hombres nos dan en un primer momento.
Es como si fueras el centro del universo, lo que siempre quisiste escuchar, de una
forma tan intensa que te hace cuestionar si es real.
Y es que ese afecto tan absurdamente exagerado suele tratarse de una manipulación: como un subidón emocional seguido de una caída.
El complejo de salvavidas es ese impulso constante de querer “arreglar” a la otra persona, como si fueses la única capaz de hacer que sea feliz. Es la necesidad de sentirte la heroína, rescatándole de sus propios problemas, inseguridades o heridas pasadas. Te metes en ese papel de salvavidas sin darte cuenta de que, en realidad, no tienes el poder de salvar a nadie.
Le pedí a Sofía que construyera un puente de cartas.
Ella tiene poca paciencia, por lo que le costó mucho llegar a ese punto.
Cuando casi terminaba, le soplé el puente.